lunes, 10 de junio de 2013

Chateando con las chatis. Historia de un desencuentro. 1ªPARTE

Blogueros, amigos y buena gente en general que encontráis aquí un lugar de solaz, reflexión y aprendizaje. Hoy vamos a tratar el delicado tema de hacer amistades o noviazgos mediante estas herramientas que nos proporciona la tecnología.



Lo primero de todo es saber que todo el mundo miente. Si pretendes encontrar por ejemplo a tu príncipe azul ten en cuenta no sólo lo que dice sino lo que oculta. En estos sitios tenemos la oportunidad de mostrar nuestra mejor versión e incluso de crear un ‘yo’ idealizado e irreal. Nos mostraremos como eso que siempre habéis buscado: Un hombre integro, que sabe escuchar, que empatiza y comprende tus pensamientos…Un triunfador.

Al otro de lado de la pantalla sin embargo hay un vago, bebedor habitual, que escucha si…pero los grandes éxitos de DJ Tiesto. Un hombre que come compulsivamente panchitos mientras espera que acabes la parrafada para acudir al socorrido: “Te entiendo”.

En definitiva el tipo de hombre que tiene como afición coleccionar animales disecados.

Pero no es mi intención hacer una disertación sobre posibles peligros. No. Lo que quiero es hablaros de primera mano de cómo un amigo creo el monstruo (Vale, se que suena como los que llaman a la radio y dicen “A un amigo mío le ocurre…” así que tendrá que valeros con mi palabra).


El amigo (“Castigador” en adelante) tenía problemas para entablar conversaciones con mujeres en los habituales contextos de bares o discotecas. Decía que su nerviosismo hacia que tuviese un habla ininteligible. Yo opinaba que era producto de su heroico consumo de alcohol. Cuestión de opiniones sin más. Vio en el chat, en uno en específico del que no daremos su nombre por cuestiones de seguridad, una oportunidad para poder entablar una relación franca y poder expresarse con su mejor herramienta: El corazón.

El chat en cuestión pedía la colocación de una foto de perfil para que tu rostro se viese en cualquier momento y cada comentario se viese precedido por dicha carta de presentación. Además pinchando en esa foto tenías la oportunidad de ver una foto mas, normalmente a gran tamaño y de cuerpo completo. Si querías también tenias la posibilidad de colocar toda una galería aunque esto último era opcional. Un último detalle para contextualizar: Todos los perfiles eran públicos y no había opción de hacerlos privados como si ocurre en Facebook por poner un ejemplo.

Su primera semana de intenso chateo se convirtió en un constante saludar e intentar sin conseguir ningún resultado por el esfuerzo. Fue ahí cuando cometió el mayor error de su vida…Pedirme ayuda.

Como primera medida le sugerí cambiar la foto. De forma amable y diplomática le dije que había que procurar desviar la atención de su cara. Una foto de medio perfil y con claro-oscuros cumplieron con el cometido de hacerle irreconocible. La segunda fase requería un tratamiento mucho más radical…

3 comentarios:

  1. Tan poco remedio tiene tu amigo, que hay que ponerle de perfil? :P
    No sé si todo el mundo miente en un chat, yo sólo puedo decir que yo no lo he hecho. Considero que el "anónimato" que te da, precisamente, permite que puedas ser tú mismo.
    quedo esperando la 2a parte, porqué me parece que promete!

    Un saludo

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  2. Mas cuestión de auto-concepto que de otra cosa. La segunda parte, la tercera "encontrando el mensaje perfecto" y la cuarta aparecerán detrás de 'Quizás también le interese:'

    Saludos.

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  3. A ver que sigue. Pero la verdad las paginas de chateo nunca me gustaron por no saber quien habla a quien.

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